José Gorostiza Endloser Tod 1
Gorostiza, José, Endloser Tod / Muerte sin fin. Gedicht spanisch/deutsch, Übertragen von Rudolf Wittkopf, Aachen 1995 (Rimbaud)
Conmigo está el consejo y el ser; yo soy la
inteligencia; mia es la fortaleza.
Proverbios, 8, 14.
Con él estaba yo ordenándolo todo; y fui
su delicia todos los días, teniendo solaz
delante de él en todo tiempo.
Proverbios, 8, 30.
Mas el que peca contra mi defrauda su
alma; todos los que me aborrecen aman la
muerte.
Proverbios, 8, 36.
Mein ist beides, Rat und Tat,
ich habe Verstand und Macht.
Die Sprüche Salomons, 8, 14
Da war ich der Werkmeister bei ihm
und hatte meine Lust täglich
und spielte vor ihm allezeit.
Die Sprüche Salomons, 8, 30
Wer aber mich verfehlet,
zerstört sein Leben:
Alle, die mich hassen, lieben den Tod.
Die Sprüche Salomons, 8, 36
LLENO de mí, sitiado en mi epidermis
por un dios inasible que me ahoga,
mentido acaso
por su radiante atmósfera de luces
que oculta mi conciencia derramada,
mis alas rotas en esquirlas de aire,
mi torpe andar a tientas por el lodo;
lleno de mí -ahito- me descubro
en la imagen atónita del agua,
que tan sólo es un tumbo inmarcesible,
un desplome de ángeles caídos
a la delicia intacta de su peso,
que nada tiene
sino la cara en blanco
hundida a medias, ya, como una risa agónica,
en las tenues holandas de la nube
y en los funestos cánticos del mar
-más resabio de sa! o albor de cumulo
que sola prisa de acosada espuma.
No obstante -oh paradoja- constreñida
por el rigor del vaso que la aclara,
el agua toma forma.
En él se asienta, ahonda y edifica,
cumple una edad amarga de silencios
y un reposo gentil de muerte niña,
sonriente, que desflora
un más allá de pájaros
en desbandada.
En la red de cristal que la estrangula,
allí, como en el agua de un espejo,
se reconoce;
atada allí, gota con gota,
marchito el tropo de espuma en la garganta
¡qué desnudez de agua tan intensa,
qué agua tan agua,
está en su orbe tornasol soñando,
cantando ya una sed de hielo justo!
¡Mas qué vaso -también- más providente
éste que así se hinche
como una estrella en grano,
que así, en heroica promisión, se enciende
como un seno habitado por la dicha,
y rinde así, puntual, una rotunda flor
de transparencia al agua,
un ojo proyectil que cobra alturas
y una ventana a gritos luminosos
sobre esa libertad enardecida
que se agobia de cándidas prisiones!

VOLL meiner selbst, belagert in meiner Haut
von einem unfassbaren Gott, der mich erstickt,
und belogen womöglich
von seiner strahlenden Lichtatmosphäre,
die mein vergossenes Bewusstsein verhehlt,
meine zu Luftsplitter zerbrochenen Flügel,
mein plumpes Umhertappen im Schlamm;
voll meiner selbst – übersatt – erblicke ich mich
im bestürzten Bild des Wassers,
das nichts als unvergänglicher Taumel ist,
ein Sturz gefallener Engel
in den reinen Genuss ihrer Schwere,
und das nichts aufweist
ausser dem leeren Gesicht,
halb versunken schon, wie ein ersterbendes Lachen,
in den feinen Linnen der Wolke
und den unheilvollen Gesängen des Meeres
-eher salziger Nachgeschmack oder das Weiss des Kumulus,
als blosse Hast gehetzten Schaums.
Dennoch – welch Widersinn – beengt
von des Glases Strenge, die es klärt,
nimmt das Wasser Gestalt an.
In ihm setzt und vertieft es sich, baut sich auf,
vollendet ein von Schweigen bitteres Alter
und die liebliche Ruhe eines kindhaften Todes,
der lächelnd zerpflückt
ein Jenseits von Vögeln
in wilder Flucht.
lm kristallenen Netz, das es würgt,
dort, als wie im Wasser eines Spiegels,
erkennt es sich;
gefesselt dort, Tropfen an Tropfen,
hingewelkt der Gischtgesang in der Kehle,
welche Nacktheit solch geballten Wassers,
welch ein Wasser solch Wasser,
träumend wei!t es in seinem schillernden Rund,
besingt einen Durst nach rechtem Eis!
Doch welch ein Glas – auch – ganz Vorsehung,
dieses, das anschwillt
wie ein Stern im Keim,
das in heroïscher Verheissung erglüht
wie ein vom Glück bewohnter Busen
und so dem Wasser pünktlich
eine runde Blume
aus Transparenz beschert,
ein Auge wie ein Geschoss, das Höhen erreicht
und ein Fenster mit leuchtenden Schreien
über dieser entflammten Freiheit,
die sich krümmt in gleissenden Fesseln!
¡MAS QUÉ VASO -también- más providente!
Tal vez esta oquedad que nos estrecha
en islas de monólogos sin eco,
aunque se !lama Dios,
no sea sino un vaso
que nos amolda el alma perdidiza,
pero que acaso el alma sólo advierte
en una transparencia acumulada
que tiñe la noción de Él, de azul.
El mismo Dios,
en sus presencias tímidas,
ha de gastar la tez azul
y una clara inocencia imponderable,
oculta al ojo, pero fresca al tacto,
como este mar fantasma en que respiran
-peces del aire altísimo-
los hombres.
¡Sí, es azul! ¡Tiene que ser azul!
Un coagulado azul de lontananza,
un circundante amor de la criatura,
en donde el ojo de agua de su cuerpo
que mana en lentas ondas de estatura
entre fiebres y llagas;
en donde el rio hostil de su conciencia
¡agua fofa, mordiente, que se tira,
ay, incapaz de cohesión al suelo!
en donde el brusco andar de la criatura
amortigua su enojo,
se redondea
como una cifra generosa,
se pone en pie, veraz, como una estatua.
¿Qué puede ser -si no- si un vaso no?
Un minuto quizá que se enardece
hasta la incandescencia,
que alarga el arrebato de su brasa,
ay, tanto más hacia lo eterno mínimo
cuanto es más hondo el tiempo que lo colma.
Un cóncavo minuto del espíritu
que una noche impensada,
al azar
y en cualquier escenario irrelevante
-en el terco repaso de la acera,
en el bar, entre dos amargas copas
o en las cumbres peladas del insomnio-
ocurre, nada más, madura, cae
sencillamente,
como la edad, el fruto y la catástrofe.
(También -mejor que un lecho- para el agua
no es un vaso el minuto incandescente
de su maduración?
Es el tiempo de Dios que aflora un día,
que cae, nada más, madura, ocurre,
para tornar mañana por sorpresa
en un estéril repetirse inédito,
como el de esas eléctricas palabras
-nunca aprehendidas,
siempre nuestras-
que eluden el amor de la memoria,
pero que a cada instante nos sonríen
desde sus claros huecos
en nuestras propias frases despobladas.
Es un vaso de tiempo que nos iza e
n sus azules botareles de aire
y nos pone su máscara grandiosa,
ay, tan perfecta,
que no difiere un rasgo de nosotros.
Pero en las zonas ínfimas del ojo,
en su nimio saber,
no ocurre nada, no, sólo esta luz,
esta febril diafanidad tirante,
hecha toda de pura exaltación,
que a través de su nítida substancia
nos permite mirar,
sin verlo a Él, a Dios,
lo que detrás de Él anda escondido:
el tintero, la silla, el calendario
-¡todo a voces azules el secreto
de su infantil mecánica!-
en el instante mismo que se empeñan
en el tortuoso afán del universo.
DOCH WELCH EIN GLAS – auch – ganz Vorsehung!
Vielleicht ist diese Hohlform, die uns einengt
auf Inseln echoloser Monologe,
wiewohl sie Gott heisst,
ein Glas nur,
das uns die leicht entschwindende Seele formt,
doch das die Seele vielleicht nur gewahrt
als versammelte Transparenz,
die der Idee von Ihm Bläue verleiht.
Gott selbst,
in seinen scheuen Gegenwarten,
muss die blaue Färbung dahingeben
und eine lichte unwägbare Unschuld,
dem Bliek verborgen, doch kühl anzufühlen,
wie dieses Phantommeer, darin
-Fische höchster Lüfte
die Menschen atmen.
Ja, blau! Blau muss es sein!
Ein geronnenes Blau der Ferne,
eine umschlingende Liebe zum Geschöpf,
darin der Born seines Leibs
in hohen langsamen Wellen
unter Fieberschauern und schwärenden Wunden quillt;
darin der feindliche Strom seines Bewusstseins,
schwammiges, beizendes Wasser, des Zusammenhalts unfähig,
ach, sich zu Boden schlägt!
darin die barsche Gangart des Geschöpfs
ihren Unmut mildert,
sich abrundet
wie eine grosszügige Zahl,
sich aufrichtet, wahrhaftig, wie eine Statue.
Was kann es sein – wenn nicht – wenn nicht ein Glas?
Eine Minute vielleicht, die sich erhitzt
bis zur Glut,
die das Entzücken ihres Glühens verlängert,
ach, umso mehr auf das kleinste Ewige hin,
je tiefer die Zeit, die es füllt.
Eine einwärts gewölbte Minute des Geistes,
die in unverhoffter Nacht
aufs Geratewohl
und im Szenarium der Belanglosigkeite
-beim beharrlichen Examinieren des Trottoirs,
in der Bar, zwischen zwei bitteren Gläschen,
oder auf den kahlen Gipfeln der Schlaflosigkeit –
sich ereignet, weiter nichts, reift, plötzlich da ist,
schlichtweg,
wie das Alter, die Frucht und die Katastrophe.
Ist für das Wasser nicht auch – besser als ein Flussbett – ein Glas
die glühende Minute
seines Reifens?
Die Zeit Gottes ist’s, die eines Tages hervorbricht,
plötzlich da ist, weiter nichts, reift, sich ereignet,
um morgen überraschend zurückzukehren
zu steriler stets neuer Wiederholung,
gleich dies en elektrisierenden Worten
-nie erfasst,,
immer die unsrigen –
die der Liebe der Erinnerung ausweichen,
doch wieder und wieder uns anlächeln
aus ihren lichten Lücken
unserer eigenen öden Phrasen.
Ein Glas aus Zeit ist’s, das uns hisst
an seinen blauen Strebepfeilern aus Luft
und uns seine herrliche Maske aufsetzt,
ach, so perfekt,
dass sie in nichts sich von uns unterscheidet.
Aber in den tiefsten Zonen des Auges,
in seinem unermesslichen Wissen,
ereignet sich nichts, nein, nur dieses Licht,
diese fiebrige gestraffte Durchsichtigkeit,
ganz aus reiner Verherrlichung,
die durch ihre helle Substanz
uns sehen lässt,
ohne Ihn, ohne Gott zu schauen,
was hinter Ihm verborgen ist:
das Tintenfass, der Stuhl, der Kalende
-das ganze blaue offene Geheimnis
seiner kindlichen Mechanik! –
in eben dem Augenblick, da sie sich einlassen
auf das wirre Treiben des Universums.

PERO en las zonas ínfimas del ojo
no ocurre nada, no, sólo esta luz
-ay, hermano Francisco,
esta alegria,
única, riente claridad del alma.
Un disfrutar en corro de presencias,
de todos los pronombres -antes turbios
por la gruesa efusión de su egoísmo-
de mí y de Él y de nosotros tres
¡siempre tres!
mientras nos recreamos hondamente
en este buen candor que todo ignora,
en esta aguda ingenuidad del ánimo
que se pone a sonar a pleno sol
y sueña los pretéritos de moho,
la antigua rosa ausente
y el prometido fruto de mañana,
como un espejo del revés, opaco,
que al consultar la hondura de la imagen
le arrancara otro espejo por respuesta.
Mirad con qué pueril austeridad graciosa
distribuye los mundos en el caos,
los echa a andar acordes como autómatas;
al impulso didáctico del îndice oscuramente
¡hop!
los apostrofa
y saca de ellos cintas de sorpresas
que en un juego sinfónico articula,
mezclando en la insistencia de los ritmos
¡planta-semilla-planta!
¡planta-semilla-planta !
su tierna brisa, sus follajes tiernos,
su luna azul, descalza, entre la nieve,
sus mares plácidos de cobre
y mil y un encantadores gorgoritos.
Después, en un crescendo insostenible,
mirad cómo dispara cielo arriba,
desde el mar,
el tiro prodigioso de la carne
que aun a la alta nube menoscaba
con el vuelo del pájaro,
estalla en él como un cohete herido
y en sonoras estrellas precipita
su desbandada pólvora de plumas.
Mas en la médula de esta alegría,
no ocurre nada, no;
sólo un cándido sueño que recorre
las estaciones todas de su ruta
tan amorosamente
que no elude seguirla a sus infiernos,
ay, y con qué miradas de atropina,
tumefactas e inmóviles, escruta
el curso de la luz, su instante fúlgido,
en la piel de una gota de rocio;
concibe el ojo
y el intangible aceite
que nutre de esbeltez a la mirada;
gobierna el crecimiento de las uñas
y en la raíz de la palabra esconde
el frondoso discurso de ancha copa
y el poema de diáfanas espigas.
Pero aun más -porque en su cielo impío
somete sus imágenes al fuego
de especiosas torturas que imagina
-las infla de pasión,
en el prisma del llanto las deshace,
las ciega con el lustre de un barniz,
las satura de odios purulentos,
rencores zánganos
como una mala costra,
angustias secas como la sed del yeso.
Pero aun más -porque, inmune a la mácula,
tan perfecta crueldad no cede a limites-
perfora la substancia de su gozo
con rudos alfileres;
piensa el tumor, la ulcera y el chancro
que habrán de festonar la tez pulida,
toma en su mano etérea a la criatura
y la enjuta, la hincha o la demacra,
como a un copo de cera sudorosa,
y en un ilustre hallazgo de ironia
la estrecha enternecido
con los brazos glaciales de la fiebre.
Mas nada ocurre, no sólo este sueño
desorbitado
que se mira a sí mismo en plena marcha;
presume, pues, su término inminente
y adereza en el acto
el plan de su fatiga,
su justa vacación,
su domingo de gracia allá en el campo,
al fresco albor de las camisas flojas.
¡Qué trebolar mullido, qué parasol de niebla,
se regala en el ánimo
para gustar la miel de sus vigilias!
Pero el ritmo es su norma, el solo paso,
la sola marcha en circulo, sin ojos;
así, aun de su cansancio, extrae
¡hop!
largas cintas de cintas de sorpresas
que en un constante perecer enérgico,
en un morir absorto,
arrasan sin cesar su bella fábrica
hasta que -hijo de su misma muerte,
gestado en la aridez de sus escombros-
siente que su fatiga se fatiga,
se erige a descansar de su descanso
y sueña que su sueño se repite,
irresponsable, eterno,
muerte sin fin de una obstinada muerte,
sueño de garza anochecido a plomo
que cambia sí de pie, mas no de sueño,
que cambia sí la imagen,
mas no la doncellez de su osadía
¡oh inteligencia, soledad en llamas!
que lo consume todo hasta el silencio,
sí, como una semilla enamorada
que pudiera soñarse germinando,
probar en el rencor de la molécula
el salto de las ramas que aprisiona
y el gusto de su fruta prohibida,
ay, sin hollar, semilla casta,
sus propios impasibles tegumentos.
ABER in den tiefsten Zonen des Auges
ereignet sich nichts, nein, nur dieses Licht
-ah, Bruder Franz,
diese Freude,
einzige, lachende Klarheit der Seele.
Ein Geniegen im Kreis von Gegenwarten,
aller Pronomen – einst getrübt
durch den starken Erguss ihres Egoismus –
mein, Sein und unserer drei,
immer drei!
während wir zutiefst uns erquicken
an dieser wahren Einfalt, die alles ignoriert,
an dieser wachen Arglosigkeit der Seele,
die in der prallen Sonne zu träumen beginnt und modrige Vergangenheiten träumt,
die alte so ferne Rose
und die verheissene Frucht von morgen,
wie ein umgekehrter, opaker Spiegel,
der beim Befragen der Tiefe des Bildes
diesem als Antwort einen weiteren Spiegel abtrotzte.
Sehet, mit welch kindlich anmutiger Bescheidenheit
er die Welten im Chaos verteilt,
sie Automaten gleich in Bewegung setzt;
mit dem didaktischen Zeigefinger
dunkel
hopp!
sie apostrophiert
und daraus lauter Bänder von Überraschungen zieht
und zu einem symphonischen Spiel arrangiert,
dem Drängen der Rhythmen,
Pflanze – Same – Pflanze!
Pflanze – Same – Pflanze!
ihre zarte Brise, ihr zartes Blattwerk beimischt,
ihren blauen Mond, barfuss im Schnee,
ihre ruhigen kupfernen Meere
und tausendundeinen bezaubernden Triller.
Danach, in einem unhaltbaren Crescendo,
sehet, wie er himmelwärts,
vom Meer aus,
den wunderbaren Schuss des Fleisches abgibt,
der noch der hohen Wolke
mit dem Flug des Vogels spottet,
in diesem birst wie ein Feuerwerkskörper
und in klingenden Sternen
sein zerstiebtes Pulver aus Federn hinabstürzt.
Aber im Mark dieser Freude
ereignet sich nichts, nein;
nur ein argloser Traum,
der alle Stationen seines Weges
so liebevoll durchläuft,
dass er nicht davor zurückscheut, ihm in seine Höllen zu folgen,
ah, und mit welch Belladonna-Blieken,
die geschwollen und unbeweglich, erforscht er
die Bahn des Lichts, ihren glänzenden Augenblick,
auf der Haut eines Tropfens Tau;
ersinnt er das Auge
und das unberührbare Öl,
das den Bliek mit Schlankheit nährt;
regiert er das Wachsen der Nägel
und verbirgt in der Wurzel des Wortes
die dichtbelaubte Rede mit stolzer Krone
und das Gedicht aus durchsichtigen Ähren.
Doch mehr noch – denn in seinem gottlosen Himmel
ist nichts so grausam wie dieser reine Genuss -,
er unterwirft seine Bilder dem Feuer
scheinbar bestechender Qualen, die er erfindet
er bläht sie auf mit Leidenschaft,
zerlegt sie im Prisma der Klage
blendet sie mit dem Glanz eines Lacks,
sättigt sie mit eitrigem Hass,
Parasiten-Groll
wie ein böser Grind,
Ängste so trocken wie der Durst des Gipses,
Doch mehr noch – denn immun gegen Makel,
macht solch vollkommene Grausamkeit vor Grenzen nicht halt –
er durchsticht die Substanz seiner Wonne
mit rüden Nadeln;
er ersinnt die Geschwulst, das Geschwür und den Schanker,
auf dass sie die glatte Haut schmücken,
er nimmt das Geschöpf in seine ätherische Hand
und trocknet es, bläht es auf oder lässt es schrumpfen,
wie eine Flocke schwitzenden Wachses,
und bei einer glanzvollen Entdeckung von Ironie
schliesst er’s gerührt
in die eisigen Arme des Fiebers.
Aber nichts ereignet sich, nein, nur dieser Traum,
aus der Kreisbahn gebracht,
der im vollen Lauf sich selbst betrachtet;
er mutmasst sein nahendes Ende
und entwirft unverzüglich
den Plan seiner Müdigkeit,
seiner berechtigten Ruhe,
seines Gnadensonntags dort auf dem Lande,
mit dem frischen Weiss der losen Hemden.
Welch sanftes Kleefeld, welch Sonnenschirm aus Nebel,
schwelgt in der Seele,
um den Honig seiner Nachtwachen zu kosten!
Aber der Rhythmus ist seine Norm, der blosse Schritt,
das blosse Gehen im Kreis, ohne Augen;
so zieht er noch aus seiner Müdigkeit
hopp!
Band um Band lange Bänder von Überraschungen,
die in stetem energischem Vergehen,
in versonnenem Sterben,
unablässig sein schönes Werk einreissen,
bis – Kind seines eigenen Todes,
ausgetragen in der Dürre seiner Trümmer –
er fühlt, wie seine Müdigkeit ermüdet,
er sich erhebt, um von seiner Ruhe auszuruhen,
und träumt, dass sein Traum wiederkehrt,
leichtfertig, ewig,
endloser Tod eines hartnäckigen Todes,
senkrecht dämmernder Traum eines Reihers,
der zwar das Standbein wechselt, doch nicht den Traum,
der zwar das Bild verändert,
doch nicht das Jungfräuliche seiner Kühnheit,
o Intelligenz, Einsamkeit in Flammen!
die alles bis auf das Schweigen verzehrt,
ja, wie ein verliebter Same,
der keimend sich träumen könnte,
im Groll des Moleküls den Sprung zu versuchen
des Gezweigs, das er fesselt,
und den Geschmack seiner verbotenen Frucht zu kosten,
ah, ohne zu zertreten, keuscher Same,
seine eigenen empfindungslosen Knospenhüllen.
Uit:
Gorostiza, José, Endloser Tod / Muerte sin fin. Gedicht spanisch/deutsch, Übertragen von Rudolf Wittkopf, Aachen 1995 (Rimbaud)

Nuss
Wisse, mein Sohn, in allem steckt das Geheimnis der Nuss. Betrachtest du ihre frische Frucht, umgeben von ihren Schalen, dann erkennst du das Geheimnis der Seele das Geheimnis des Universums , und das Geheimnis der Gottheit. Vier Schalen besitzt die frische, feuchte Nuss. Die erste, die äussere, ist grün und bitter, dann noch zwei Schalen, die zusmmen kleben, und dann die innere Hülle, in der die Nuss liegt. Da liegt sie wie ein weisser, strahlender Kern, geteilt durch eine Linie, um zu zeigen, dass sie zweigesichtig ist. Männlich und weiblich. Und unten, zwischen Kern und Schale, gibt es einen Hohlraum, der ist die absolute Leere. Die Leere voll von sich selbst. Eine Hülle, die die Welt umhüllt, kreuz und quer gewebt aus Vergessen und Erinnern. Dies ist die erste Hülle des Universums. Nach ihr kommen noch drei Hüllen von vollständigem Vergessen und absolut Bösem. Immer dicht am Kern befindet sich die vermittelnde Schale, gewebt aus Vergessen und Erinnern. Gut und Böse. Was für ein Vergessen aber bringt Gutes hervor, und was für ein Vergessen bringt Böses hervor? Und was für ein Erinnern bringt Gutes hervor, und was für ein Erinnern bringt Böses hervor?
Dort, in dieser vermittelnden Schale leben wir. Es ist unsere Essenz, eingewebt zu sein in das alles durchdringende Netz, das wie klebrige Spinnweben ist. Wir streben nun danach, uns neu zu zentrieren, nicht gegenüber der Spinne als Mittelpunkt, sondern uns klug selbst zum brennenden Mittelpunkt der Dinge zu machen. Kern der Seele oder Kern der Welt. Das Verstehen der Zeit ist ein Prozess des Schälens. Dies ist das Geheimnis der Nuss: Nicht in der Linie ist der Ewige, nicht im Beben ist der Ewige, nicht im Sturm von kreuz und quer ist der Ewige, sondern im Geheimnis des Kreises. Im Geheimnis des leise verklingenden Halls. Das Geheimnis der Nuss ist das Geheimnis des Seins. Ein still ruhender Kreis. Ausgeschälter, nackter Moment. In der Sprache und in der Zeit. Nein, die Dinge liegen nicht zusammen an der Oberfläche, vielmehr gibt es einen goldenen Schnitt und der blutet. Innen zu innen, Tiefe zu Tiefe. Und der Kern der Dinge ist zweigesichtig. Adam und Eva, bevor sie auseinander geschnitten wurden. Das umfassende Sein. Eben jener Moment, da die Herzkammern sich öffnen und der Mensch aufhört, wie ein Haus zu sein, mit lauter voreinander verschlossenen Zimmern. Manchmal weine ich über den schmerzenden Schnitt in den Schalen meiner selbst, darüber, dass ich mich auf dem Weg zu meinem Kern verletze. Manchmal bin ich voreilig und treibe meine Verletzung selbst voran. Manchmal bin ich feist und verschlossen, erinnere mich nicht, worum es geht. Manchmal bete ich, mein Gott, mach, dass es mir nicht so wehtut, mach, dass es ohne Qual und schlimme Krankheiten geht. Sofort denke ich, was für ein dummes Gebet, aber ich hoffe weiter – mach, dass ich nicht ganz und gar dummes Geschwätz bin, dass ich unter dem Druck der Linie nicht wahnsinnig vorausrenne, mach, dass ich mich ans Geheimnis des Kreises erinnere, an das schwierige Leben in der Vermischung.
Haviva Pedaya, uit: The Eye of the cat. Tel Aviv, 2009; Vertaling Anne Birkenhauer
in: Ein jüdischer Garten angelegt von Itamar Gov, Hila Peleg, Eran Schaerf, München 2022, (Hanser), pag. 198-199
Roberta Dapunt
Dapunt, Roberta, Die krankheit wunder, le beatitudini della malattia, Bozen 2020, (folio Verlag Wien)
Il tavolo
Chi fu chiamato a questo tavolo una volta, lo richiamammo in preghiera, nelle memorie a Maria. Ebbene sedevamo arcuati a mangiare in tanti la tavola un quadrato che a malapena bastava e non si contavano i piatti. Erano poste al centro del tavolo Ie giuste quantità di cibo e nessuno giudicava la pietanza. Mai chiedevamo oltre. A tavola f ormavamo un organismo perfetto, la messa in atto di un’impresa mensale dalla durata definita tra un segnarsi di croce e un altro, eravamo un’opera quotidiana che si comincia con l’intenzione di condurre a termine. Vi erano i denti e Ie ganasce suine appese al soffitto, appena sotto, il profumo del tè. Il tuo grembiule a mezzogiorno era un cielo seduto, lungo il corpo Ie piccole rose. In fondo al silenzio ognuno di noi teneva una secchia di pensieri assorti. In fondo al silenzio ognuno masticava disadorno di parole, finché a desinenza di ogni pasto issavi con timida voce Ie memorie a Maria. Incerti seguivamo.
der tisch
Wer gerufen ward an diesen tisch ein mal, den riefen wir wieder im gebet, im gedenken an Maria. Wir saBen darum gewölbt beim essen zu vielt, die tafel ein geviert das kaum ausreichte und man zählte nicht die teller. Es waren in die mitte des tischs die richtigen mengen essen gestellt und keiner urteilte über das gericht. Nie wünschten wir masslos. An der tafel bildeten wir ein vollkommenes geschöpf, das verwirklichen eines mahlwerks für eine begrenzte zeit zwischen einem kreuzzeichen und einem kreuzzeichen, wir waren ein tun tag für tag das man beginnt mit dem vorsatz es zu vollenden. Die zähne und kiefer der schweine waren an die decke gehängt, direkt darunter, duft von tee. Deine schürze zu mittag war ein sitzender himmel, den körper entlang die winzigen rosen. Am grund der stille trug ein jeder von uns einen kübel dumpfer gedanken. Am grund der stille malmte ein jeder ungeschmückt von worten, bis in dem auslaut jedes mahls du mit zaghafter stimme erhobst das gedenken an Maria. Unsicher setzten wir ein.
oriazone della mente
Proteggimi dal dimenticare, proteggimi dal non sapere,
dal non aver sentito, ascoltato, visto, guardato.
Favorisci in me il pensiero, non sia mai ferito.
Possa lo spazio che ho dentro la testa essere scontento,
perché troppo vuoto anche nell’ultimo giorno.
Proteggimi dalle camere buie, dall’ordine perfetto nella mente,
niente passi oltre queste mie pareti, tutto m’irrompa.
Siano gli occhi e le orecchie il varco tra me e l’esterno,
rimangano le infelici domande e le risposte.
La volontà mi sia stendardo.
Riparami dal nulla, difendimi dal non essere,
meglio la morte. Meglio la morte.
oratio de mente
Schirme mich vor dem vergessen, schirme mich vor dem nicht wissen,
dem nicht gehört, gelauscht, gesehen, geschaut haben.
Begünstige in mir das denken, niemals sei es verletzt.
Es dürfe der raum den ich drinnen babe im kopf unzufrieden sein,
weil viel zu leer noch am allerletzten tag.
Schirme mich vor finsteren kammern, strenger ordnung im erinnern,
nichts verlasse diese meine wände, alles brech’ in mich ein.
Es seien die augen und ohren schwelle zwischen mir und dem aussen,
es bleiben die unglücklichen fragen und die antworten.
Der wille sei mir banner.
Bewahre mich vor dem nichts, verteidige mich vor dem nicht sein,
besser das sterben. Besser das sterben.
Roberta Dapunt
A chi pensa che io non sia di oggi,
io dico che il mio stare ad ascoltarlo è oggi.
Non è ieri, non sarà domani la mia attenzione,
bensì oggi. Oggi sono e sto qui davanti al foglio di carta,
sente forte il graffio di ogni mia parola.
Che da esse parte l’intimità quotidiana del mio corpo,
il suo nudo guardarmi è aderenza indubitabile alla realtà.
Da lui soltanto la mia vista, da lui il mio udito,
nelle sue mani l’umido nero degli orti in questo luogo
e sotto i piedi il fruscio verde e nel dicembre
il freddo a mostrare chiare le stelle.
Dunque, so di non errare. Non mi perdo,
finché posso tenermi forte a questo.
Die denken ich sei nicht von heute,
denen sag ich mein innehalten und ihnen zuhören ist heute.
Ist nicht gestern, wird nicht morgen sein meine aufmerksamkeit,
wohl aber heute. Heute bin ich und bleibe hier vor dem blatt papier,
es spürt fest den kratzer jedes meiner wörter.
Denn von diesen kommt die tagtägliche vertrautheit meines körpers,
sein nacktes mich betrachten ist unbezweifelbare nähe zur welt.
Von ihm bloss mein sehen, von ihm mein hören,
in seinen händen das feuchte schwarz der gärten dieser gegend
und unter den füssen das grüne geraschel und im dezember
die kälte um klar zu zeichnen die sterne.
Darum, ich weiss ich irr nicht. Verliere mich nicht,
Solange ich mich festhalten kann daran.

Nelle mani a volte il tuo corpo,
corolla appassita tra le guance e l’estremo delle dita.
Mai più l’adolescente primavera,
sussurriamo: mai fu tanto abbracciata la vita.
Eppure non invecchia la solitudine
e di nuovo la neve.
In den händen mal um mal deinen körper,
korolle verwelkt von den wangen zur spitze der finger.
Nie wieder der kindliche frühling,
wir flüstern: nie war so sehr das leben umarmt.
Dennoch altert die einsamkeit nicht
und der neue schnee steig
dei due corpi
Ti conosco in due corpi convinti ad un’anima sola,
un unico cuore, il cancello aperto a Dio.
Era il primo, un corpo pronto,
lo portavi alle liturgie, rivolto all’adorazione.
Io vedevo l’umile dedizione, l’acqua al viso, i capelli raccolti.
Era fascino intero di una vita e di contorno al collo
e alle mani, una riservata camicia.
Niente e tutto era domenica, uguale sempre
tu spassionata figura, concordavi obbedienza alla fede.
E c’è ora un altro corpo. Sta fermo
alla recita dei salmi nelle ore del giorno.
È una sospensione della carne,
interruzione adempiente del movimento,
finché piano siedi e accomodi la tua esistenza.
Ed è unica a sostenerti, la voce,
strumento d’intesa tra te e il divino.
der zwei körper
Dich kenn ich in zwei körpern entschlossen zu einer einzigen seele,
einem einzigen herzen, das gitter Gott geöffnet.
Erst der erste, ein prompter körper,
du trugst ihn zu den liturgien, der anbetung hingegeben.
Ich sah die demut, das wasser aufs gesicht, die haare hochgesteckt.
Es war ganzer glanz eines lebens und rund den hals
und die hände, ein geheimes hemd.
Nichts und alles war sonntag, immer gleich
du ungerührte gestalt, du hast vereinbart gehorsam und glauben.
Und jetzt gibt es einen anderen körper. Ist reglos
im aufsagen der psalmen zu den stunden des tages.
Ist eine aufhebung des fleisches,
erfüllendes innehalten der bewegung,
bis du still sitzt und dein dasein fügst.
Und ist die einzige die dich stützt, die stimme,
instrument des einklangs zwischen dir und dem göttliche
quaresimale
Su questo corpo scrivo
versi per quaranta giorni.
La tua passione, il mio credo,
posti come al sole in luogo di carne.
E sarà come sempre di venerdì
la tua morte in silenzioso pianto.
Niente impedirà la tua resurrezione,
aspetto di già il tuo ritorno.
vierzig male
Auf diesen körper schreib ich
verse vierzig tage.
Dein leiden, mein glauben,
ausgesetzt wie der sonne an stelle des fleischs.
Und es wird sein wie immer am freitag
dein sterben in lautlosem weinen.
Nichts wird hindern deine auferstehung,
ich harre bereits deiner rückkehr.
delle parole e del loro gioco
Unità non è il verso ma la parola,
condizione di ciò che è accordo
e come tale, compie il suono e la grafia,
e cosi che dall’informe pensare vengono incontro a volte
espressioni acute da sentirle perfino odorare
e senti esalare dentro alla stanza il grigio muffoso
del rimanere inutile. Sterile trovarsi e Ie mani al sonno,
l’aroma di vite bevuta ei compagni,
ognuno a dissetare solitudini tacite.
Confessioni del nulla parlare e il niente,
e ancora di spazi serrati, gli introversi pensieri
ed è ancora piu forte l’odore imbrogliato, confuso
ardire e l’innocua codardia del dire.
Trovare dunque il dire giuste parole, parole per dire
tra i versi, unità unica in essi è arrivare
a sentirne gli odori. Appunto.
Der Worte und deren spiel
Einheit ist nicht der vers sondern das wort,
zusage zu dem was verbindung ist
und als eins, hält es fest den Iaut und die schrift,
so dass aus dem haltlosen denken begegnen ab und zu
vereinzelte ausdrücke zu schmecken sogar dass sie schmecken
und spürst wirbeln drinnen in der stube den modrigen staub
des vergeblich seins. Ohne tun sich finden und die hände zum schlaf,
die würze der getrunkenen traube und die gefährten,
ein jeglicher stillend verschwiegene einsamkeiten.
Bekenntnisse des nichts sprechens und das keine,
und noch der verriegelten räume, die versteckten gedanken
und noch stärker ist der geschmack versponnen verrücktes
wagnis und die gefahrlose verzagtheit des sagens.
Finden freilich das sagen geistige Worte, Worte so zu sagen
inmitten der verse, Einheit und Einheit in ihnen ist
Erschmecken der Geschmäcker. Punktum
E ti ascolto,
in questo disperdersi il tempo cantare.
E tu canti ormai taciuti canti alla morte
e ogni volta, come fossero nuovi, non ricordi Ie ultime strofe.
Eppure chiami, armonizzando, il cielo tra Ie sorde pareti.
Misterioso dialogare il tuo
Und höre dir zu,
in diesem zerstieben die zeit singen.
Und du singst nunmehr verschwiegene lieder auf den tod
und mal um mal, als wären sie neu, erinnerst nicht die letzten strophen.
Und doch rufst du, einfügend, den himmel zwischen die tauben wände. Zwiesprachen deine geheimen.
l’inverno denutrito
E intorno, intorno volano uccelli affamati, i loro canti,
nel loro suono la mia babele.
E in mezzo, in mezzo rimango in piedi, ferma sto. Ascolto,
che nella loro fame io mi frammento. Scompongo Ie braccia
e dalle mani piano le dita. Il mio alimento a loro
nell’inverno denutrito, senza versi mi rimane
la cupida ragione di esistere nonostante.
Niente chiedo, ho nulla da desiderare tranne che di passeri,
allodole e gracchiante corvo la costanza.
Ho da darmi a loro, che sulla mensa caleranno Ie ali,
dalle mie gote sazieranno un miserabile istinto.
Poiché dal nulla null’altro.
unterernährt der winter
Und rings, und rings fliegen hungrige vögel, ihre gesänge,
in ihrem klang mein babeln.
Und inmitten, inmitten bleibe ich stehen, verharre. Höre,
indes in ihrem hunger ich mich zerglieder. Ich streue die arme
und aus den händen langsam die finger. Mein sie verpflegen
im unterernährten winter, ohne verse bleibt mir
das gierige begehren zu leben trotzdem.
Nichts erbitte ich, hab nichts zu ersehnen von spatzen,
lerchen und krächzender krähe denn beständigkeit.
Hab mich ihnen zu geben, auf der mensa werden sie senken die flügel,
aus meinen wangen sättigen einen traurigen instinkt.
Weil aus nichts nichts mehr.

dell’infeconda voce
Voglio cosi come il sorbo tra i larici e gli abeti
coprirmi di infinita neve. Di bianche coltri
l’abbraccio, chiusa irreparabile del freddo ragionare.
Spalancare le labbra e lasciarmi nevicare
li in fondo alla bocca, infelice incontrarmi
e sciogliersi fiocco dopo fiocco fino a congelare
ed infine raccogliersi, riempirmi.
Mi voglio velare, voglio piano tacere. Sottrarmi
candidamente al complicato uso della voce.
Crescere, innevarsi il mio interno stare come fuori sto ferma.
Voglio immacolarmi. Per sempre zittire,
interrompermi e tacere. Sepellirmi dentro
e intorpidire per sempre la facoltà del solo parla
der fruchtlose Stimme
Will so wie Eberesche zwischen den Lärchen und tannen
mich einhüllen in endlosen schnee. Aus weisse decken
die umarmung, klause ausweglose des kalten denkens.
Aufreissen die lippen und schneien lassen
tief mir in den mund, glückloses mir begegnen
und schmelzen flocke und flocke bis zum gefrieren
und schliesslich sich sammeln, mich füllen.
Will mich einwickeln, will gelangen zum schweigen. Mich entziehen
in strahlender weise dem raffinierten gebrauch der stimme.
Wachsen, einschneien meinen inneren halt wie ich aussen innehalte.
Will mich bereinigen. Für immer verstummen ,
mich unterbrechen und schweigen. Mich begraben drinnen
und lähmen für immer das geschickte gerede.
Come scrivere altro, altre immagini
se quieta sera mi raccoglie sempre uguale,
che le storie tristemente volute e contorte
rendono simili i versi al dare saggio della propria bravura.
Niente di tutto ciò mi lega, che intorno al corpo
ho intera l’umana condizione, colei che si addormenta
per stanchezza e spessore di mano.
Sottratta vita a ogni profanazione, per sacro sentire
l’odore indubitabile delle mani d’inverno.
È odore di stalla, di latte e di urina,
di fieni concilianti al freddo e nel mite lume
raccogliere in uno sguardo l’ordine in un fienile.
Ciò è per me intelletto, facoltà di intuire il rapporto
nella pratica del rigore. Nulla dipende dai nostri umori soltanto,
niente dalle nostre possibilità creative.
A cosa serve sapere e compiacersi del sapere
se non per distinguere un filo d’erba da un altro.
Wie anderes schreiben, andere bilder
wenn stiller abend mich aufliest wieder und wieder,
da die geschichten die verzweifelt gesuchten und zurechtgebogenen
jeden vers ähnlich machen einem test der eigenen tauglichkeit.
Nichts von all dem hält mich, wenn ich überall am körper
habe die ganze umana conditio, diese die einschläft
aus erschöpfung und schwellung der hand.
Bewahrtes leben vor aller entweihung, für die heilige empfindung
des penetranten geruchs der hände im winter.
Es ist geruch nach stall, nach milch und nach jauche,
nach versöhnlichem heu in der kälte und im sanften licht
auflesen in einen blick die ordnung in einer tenne.
Dies ist für mich verstand, die fähigkeit zu erahnen die beziehungen
in der ausübung der strenge. Nichts hängt nur ab von unseren launen,
nichts von unseren schöpferischen kräften.
Was dient das wissen und sich erfreuen am wissen
wenn nicht zu unterscheiden einen grashalm und einen grashalm.
l’ipocrita
È l’ipocrisia l’unica verità tra i versi. Quale commedia,
io che mi rimango nelle frasi scritte,
in quelle che non scrivo e non so.
Falsità delle ore passate a convincermi lo scrivere bene.
E lascio le righe stare sui fogli, i discorsi e le domande
e mi rimane la stanchezza a dirmi chi sono, cosa ho da fare,
che prima delle notti ho davanti a me
le orazioni per angusta condizione.
Che siano fatte. Che siano dette.
Cosi sto bottegaia e mi vendo il sorriso
tra un verso e il sogno di uno. E sono Dio
delle mie preghiere che voglio e poi non voglio.
E mi amo e quanto mi odio nell’incanto del mio umore,
ospite io, che mi accolgo a scrivere il giorno dopo
ogni rigo in doppia copia
verstellen
Verstellung die einzige wahrheit im vers. Welche komödie,
ich die mir bleib in den geschriebenen sätzen,
in jenen die ich nicht schreib und nicht kenn.
Trug der verbrachten stunden mir zu versichern gut zu schreiben.
Und lasse die zeilen stehen auf den blättern, das reden und die fragen
und mir bleibt die erschöpfung die sagt wer ich bin, was ich tun muss,
dass vor den nächten ich vor mir hab
das flehen im beklommenen zustand.
Dass es getan sei. Dass es gesagt sei.
Und so werd ich tandlerin und verkaufe mir das lächeln
zwischen einem vers und dem träumen von einem. Und bin Gott
meiner gebete welche ich will und dann nicht will.
Und liebe mich und wie ich mich hasse im bann meiner stimmung,
gastlicher gast, der ich mich beherberge zu schreiben tags darauf
jeden vers in version.
dell’unico tempo
Io voglio sapere se questo mio tempo
è il braccio destro della solitudine,
perché sento, i miei piedi poggiano su di esso
e ogni giorno ei sto sopra come unica aderenza.
Sempre di più rimango davanti a questo paese,
che intorno pavoneggia i nomi più belli al mio udito,
incerta di trovare qualsiasi contento
per riuscire anche per ·un poco ad amarlo.
Sento tristemente una colpa scritta in fronte,
di sentirmi in carcere tra le erte, maestose
rocce dai meravigliosi sangui alla compieta.
Riconosco il desiderio di abitarci dentro
ma è più forte il sentire questo posto una pena da scontare,
poiché sono terra incolta che spacca l’anima in miseria
ferendo i versi dall’arida distanza.
Der einzigen zeit
Ich will wissen ob diese meine zeit
der rechte arm der verlassenheit ist,
denn ich spüre, meine füsse stützen sich auf sie
und alle tage steh ich auf ihr als einzigem halt.
Länger und länger verweil ich vor diesem dorf,
das ringsum auffächert die schönsten namen für mein gehör,
ungewiss irgendeinen frieden zu finden
dass es glückt nur ein wenig es zu lieben.
Betrübt spür ich eine schuld auf die stirne geritzt,
mich im kerker zu spüren zwischen den schroffen, furchtbaren
felsen in dem herrlichen bluten zum nachtgebet.
Erkenne wieder das verlangen hier drinnen heimisch zu sein
aber stärker ist das spüren diesen ort als strafe absitzen,
weil ich öde erde bin die die seele zerstückelt im elend
die verse verletzend in Ieblosem abstand.
Mai vendremo oltre. Ma tu la rugiada negli occhi.
Rendi libero il corpo in mezzo ai fiori raccolti nell’orto.
Non sono Ie frasi di conforto, non loro a sostenere,
non sono Ie preghiere, non loro a persuadere
Nie sehen wir hinaus. Du aber den tau in den augen.
Du lässt den leib aus inmitten der blumen im garten gepflückt.
Es braucht nicht die belebenden sätze, nicht sie um zu stützen,
es braucht nicht die gebete, nicht sie um zu bekehren.
il pranzo
Va a rilento il mezzogiorno, privo di colonna sonora,
appena udibile è il nostro pranzo.
Stiamo entrambe in ascolto del nostro silenzio,
che da lì, solamente dal tuo dove lontano mi stai accanto.
Di fronte io, che non guardo.
Accolgo cosi il tuo stare seduta che non trova espressione,
è la tua unica offerta per me. E io confesso
senza parole e mi sembra di urlare,
che qui in questo luogo
ho solo il corpo a credere alla vita,
poiché il resto non è che un’erba ruvida da falciare.
E mentre che il nostro è muto desinare Uma,
fuori c’è il mondo,
fuori sono Ie genti, la terra e il cielo. E anche la morte,
cavalca veloce di guerra in guerra.
Fuori è colui che abbandona Ie carni
a uno scoppio per risorgere forse
e fuori sono Ie pene di morte e Ie morti diverse,
cosi diverse che attraversano mari e continenti
per risolvere l’unica vita.
Ma qui, amabile luogo, qui niente accade,
tranne che ininterrotta un’umile esistenza.
Eppure, a me sembra di sentire lo spirito colmarsi.
die labung
Verlangsamt geht der mittag, kein klangkörper mehr,
kaum zu hören unsere labung.
Wir verweilen beisammen im lauschen unserer stille,
denn von dort, nur von deinem irgendwo fern bleibst du mir nah.
Ich gegenüber, die nicht schau.
So nehme ich an dein stilles sitzen wo sich nichts findet,
es dein einziges anbot mir. Ich gestehe
ohne worte und mir ist ich schrei,
die ich hier an dieser stelle
bloss den leib hab um zu glauben ans leben,
denn der rest ist nichts als raues gras zum mähen.
Und indem dass das unsre ein stummes mahl ist Uma,
gibt es draussen die welt,
sind draussen die menschen, erde und himel. Und auch der tod,
reitet schnell aus krieg in krieg.
Draussen ist jener der hingibt das fleisch
in einem zerbersten um aufzuerstehen vielleicht
und draussen sind die todesstrafen und die vielerlei tode,
so viele dass sie über meere und erdteile fliehen
um zu bestehen das einzige leben.
Aber hier, liebliche stelle, hier passiert nichts,
nichts als ununterbrochen ein demütiges dasein.
Und dennoch, es ist mir als spürte ich sich nähren den geist.
Di no mi rispondi
È sillaba che non ha timore, luogo certo e anticipo sicuro.
Splendido suono, consonanza priva di ogni rischio
tra spirito e coscienza. E alla sera
chiedi a Dio perdono di una possibile offesa
e la buona dipartita.
Cosi mi passi accanto,
che in ogni movimento stai libera dalle cause.
Mi lasci sola, a giudicare i tuoi passi
e la mia paura della morte.
Ein nein antwortest du mir
Ist silbe die keine furcht kennt, sicherer ort und sorgloses vorweg.
Herrlicher laut, ein monoton ganz ohne wahl
zwischen geist und gewissen. Und am abend
bittest du Gott um vergebung für eine mögliche kränkung
und den guten abschied.
So gehst du an mir vorbei,
die du in jeder bewegung frei bist von ursachen.
Mich lässt du allein, zu beurteilen deine schritte
und meine angst vor dem Tod.

cantico del frassino
Non ti lamenterai, non darai voce alcuna alla protesta,
non dovrai chiedere sollievo, non temerai,
poiché in te sei l’albero dalle fronde verdi
che non verrà tagliato. Non troncheranno alcun ramo,
non fenderanno il suo tronco e le sue radici affonderanno
li dove sono i tuoi piedi, dove poggiano i passi,
sul sentiero delle tue arterie il cammino
e dalle foglie caduche e composte il tuo tempo.
Che da esso concorde spiegherai il deserto
e racconterai le foreste pluviali
e tra le tue labbra darai spazio al canto del merlo
all’orecchio rivelerai l’eco della parete rocciosa ,
agli occhi il caposaldo in lacrime di un figlio nato.
E sarai frutto redento del frassino che amo,
Amerai te stesso, ultimo e primo,
in verità della vita tu di ognuno, l’ultimo e il primo.
Hymne der esche
Wirst dich nicht beklagen, keine einzige stimme geben dem einspruch,
wirst nicht erleichterung erbitten müssen, nicht fürchten,
denn in dir bist du der baum aus grünem laub
der nicht gefällt wird. Nicht abhacken werden sie einen einzigen ast,
nicht spalten seinen stamm und seine wurzeln werden halten
dort wo deine füsse sind, wo die schritte stehen,
im lauf deiner adern der weg
und aus den abfallenden und fiedrigen blättern deine zeit.
Sodass du aus ihr gleichzeitig beschreiben wirst die wüste
und erzählen die regenwälder
und zwischen deinen lippen platz geben dem gesang der amsel,
dem ohr enthüllen das echo der felswand,
den augen den unbeugsamen in tränen über ein neugeborenes kind.
Und wirst sein erlöste frucht der esche die ich liebe
wirst lieben dich selbst, letzte und erste,
als wahrheit des lebens du aller, der letzten und der ersten.
del pianto
del pianto Il pianto in una stalla
confonde umiltà e scontentezza. Dissonanze guardate
dentro agli occhi delle bestie,
mentre è fissa la loro indolenza. O forse così sembra.
È per me e di questo sono certa, la mia malinconia
a riflettersi nel loro compatto guardare.
Dunque, solamente io. Mentre loro voltano lo sguardo
al fieno. Mangiando, mangiando.
Ruminando, ruminando.
des Weinens
Das weinen in einem stall
vermischt demut und unglücklichkeit. Zerrissenheit geschaut
tief in den augen der tiere,
während starr ist ihre trägheit. Oder es scheint so.
Ist meine und dessen bin ich sicher, meine melancholie
die sich spiegelt in ihrem engen schauen.
Darum, nur ich. Während sie wenden das geschau
zum heu. Mampfende, mampfende.
Kauende, kauende.
tre righe al nulla
Ho la neve dentro, ghiacciate Ie membra e la morte,
essa mi dorme intorno, indifferente
e non comprende il freddo. Non lo sente.
drei zeilen an das
Hab den schnee drinnen, vereist das fleisch und der tod,
der mir schlummert rundum, unempfindlich
und die kälte nicht kennt. Sie nicht spürt.
Mi chiedo se ami il tuo tempo,
tu che insegui l’Eterno in ogni preghiera
nell’abituale giorno e senza illusione di uscirne fuori.
Mai ti ho vista nel dubbio, fedele orizzonte
che anche nella demenza più sfrontata ti rimane di fronte.
Ich frage mich ob du deine zeit liebst,
du die sich ins Ewige sehnt gebet für gebet
im gleichmass der tage und ohne hoffnung zu entkommen daraus.
Nie habe ich dich zweifeln sehen, vertrauter horizont
der noch in der heillosen demenz gedanke ist dir gegenüber.
Uit:
Roberta Dapunt, Die krankheit wunder, le beatitudini della malattia, Bozen 2020, (folio Verlag Wien)
